a los que empujan
Glosario de la décima
SMS
Tipo de comunicación gráfica. Sin voz. Sin tono. Sin sonrisa, por supuesto. A pesar de todo, el último que recibo antes de afrontar la décima maratón de mi vida me regala un buen rollo exagerado. Llega discreto, entre el ruido de vasos de los primeros pinchos donostiarras del sábado, y me hace sentirme bien, muy bien. Esa felicidad de las distancias que no lo son tanto. Esas fuerzas que suman. Otros mares resumidos en un sms de víspera grande.
Enfado
Estupidez agónica. Idiocia. La medalla al suelo y las botellas contra el asfalto y el coche cerrado. La humedad debilitando los dedos. No ser capaz de solucionar nada. La soledad y el frío después de la gran hazaña. Otra lección aprendida: lo efímero de las victorias. Y el calor, nada simbólico, que dan los tuyos.
Lluvia
Líquido que adorna los poemas y las escenas de algunas películas. Excusa para exhibir paraguas enormes y azules. Agua fría que cae sobre el Kursal y sobre la Concha. Pellizca los brazos y las piernas desnudas. Reblandece los guantes y hace que se resbalen los botellines con otro agua parecida y en calma. Nos empapa. Nos convierte en héroes blandos y mojados. Pero no consigue que los nuestros se muevan del Boulevard y dejen de hacer fotos y me griten que el Getafe humilló ayer al Madrid y que venga venga y que ya está ya está, y que me ría por lo bajito mientras tomo la curva hacia lo imposible y me golpeo las piernas como si fuera un vaquero pobre del oeste.
Dulzura
Se percibe con los sentidos. No confundir con el dulzor pegajoso de la bollería de supermercado que nos comemos en la pensión a las seis y veinte de la mañana, en calzoncillos, con la capucha puesta. Es otra cosa diferente. La sensación de cenar junto a Igor y hablar del circo o de la última chica Bond, sin prisas, como si fuéramos viejos amigos. Los abrazos en el bar, antes del bar, las despedidas infinitas. La presión de la sidra sobre el vaso después de todo. La sobremesa del domingo, con Ainoa escuchando, frente al plato de queso, el membrillo y las nueces. Esa dulzura.
Goyo
Buscar también por Capitán, o Capitán Bolilla. Sujeto con una forma peculiar de correr maratones. O lo que sea. Socio fundador y motor natural de uno de los clubes más prestigiosos del mundo. Enemigo acérrimo de peluqueros y estilistas. Consumidor de varias clases de cerveza, sobre todo en pintas, y de rodilleras de colores distintos y gorras que miran siempre hacia atrás, por si acaso. Relojero a ratos. Dotado con un sistema de comunicación muy parecido al ronquido que, según él, le posibilita comunicarse con el más allá. Difícil por estas y otras cualidades encontrar un tipo parecido. Muy difícil.
Paisaje
Diferenciar dos clases. Sin gafas: veinte metros de botellas vacías y vasos de plástico. El rumor de las olas contra la piedra. Gente con paraguas.
Con gafas: las montañas blancas debajo del cielo en el viaje de ida, el verde empapado del norte, la luz en el amanecer de un domingo sobre la ciudad y la lluvia en las colinas después de la sidra.
Rocío
Agua que se condensa en la hierba y en las flores cuando despunta el día o la noche muere. Es posible que produzca el efecto de aumentar la intensidad y la belleza de los colores. También nombre de mujer, bueno, eso también.
Dolor en las piernas
Sensación fácil de explicar si se tienen piernas. O si, normalmente, se pueden utilizar para desplazarse sin ningún tipo de impedimento. Por eso me parece un acierto de la organización, o una casualidad, quién sabe, que, más o menos por el kilómetro treinta pusiera un paisano con muletas y una pierna rara gritando desde el bordillo con voz de pirata: “qué suerte tenéis de poder correr, cabrones”. Miré a los que iban conmigo en el grupo y ellos me miraron. No volvimos a quejarnos en lo que quedaba de carrera.
Azul
Color. Película genial de Kieswslowski y Juliette Binoche. Color en el que pensar para desgastar kilómetros. Etapa creativa de Picasso. Color de las rayas redondas de los corredores donostiarras. Color del vestido azul de rayas que llevaba María. Color intenso de ojos muy azules mirando.
Estadio
Recinto diseñado para espectáculos deportivos. Coliseo romano donde se puede encontrar la muerte o la gloria. Cúpulas de hormigón móviles ─no se entiende si no que estando ahí, tan cerca, no llegues nunca.
Mezcla de azules, verde y rojo en la que contar los últimos pasos, estirarse un poco, y agradecer, y pensar en eso, precisamente en eso. Fragmento idóneo de planeta para levantar las manos abiertas ─diez dedos, la décima, no era tan difícil de entender─ y sonreír.
Décima
Técnicamente, la que va detrás de la novena. Sin tecnicismos, excusa para celebraciones, brindis y fines de semana en el norte. Excusa para medir la grandeza de los equipos grandes. Excusa para otras excusas.
Dije décima, no confundir con última.
San Sebastián, 30 de noviembre de 2008
r.e.c.